¡Emergencia!

Durante los días 22 y 23 de octubre se celebró en Ávila una Jornada Técnica sobre Gestión de Emergencias en el Patrimonio Cultural de Castilla y León a la que tuve la oportunidad de acudir. Las organizaban la Junta de Castilla y León y la Fundación Fuego.

No por casualidad, esta Jornada tuvo lugar en el Archivo Histórico Provincial de Ávila, centro que se ha caracterizado por la implicación a la hora de abordar los planes de autoprotección en edificios de interés cultural y salvaguarda de los bienes culturales contenidos en ellos. De hecho, fue “pionero en el mundo” a la hora de contar con un  Plan de Emergencias en el contexto de Plan de Protección, Conservación y Catalogación ante Emergencias del Conjunto Histórico de la ciudad de Ávila, que se elaboró, tras un trabajo de tres años, para 40 edificios de la ciudad en 2010. Este Plan, por cierto, está disponible a la entrada del edificio para los servicios de emergencias de la Ávila a través de un código QR.  El hecho de que un archivo fuera la sede de estas jornadas, también permitió que se hiciera hincapié en que los documentos custodiados por los archivos también son susceptibles, con ciertas particularidades, de protección y salvamento en caso de emergencia sobrevenida, aspecto que seguramente deberíamos tener más en cuenta en nuestra formación (más centrada casi siempre en aspectos preventivos).

El Director General de Patrimonio Cultural de la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y LeónEnrique Saiz, realizó la apertura indicando la importancia de la implicación social de la protección del Patrimonio. Dejó claro que la sociedad debe identificarlo como algo suyo para que dedique sus esfuerzos a salvarlo en caso de necesidad. Citó el ejemplo del incendio de la Catedral de León en 1966 desde el punto de vista de la aplicación de técnicas correctas de extinción que no agraven el deterioro de los bienes. Tampoco se olvidó del más reciente terremoto de Lorca en el que la actuación de voluntarios contribuyó a paliar los efectos devastadores sobre los bienes culturales. Destacó, finalmente, la importancia del Plan Nacional de Emergencias como instrumento esencial a la hora de proteger el Patrimonio Cultural.

La primera mesa de trabajo se centró en la planificación de emergencias, con la presentación del Plan de Salvaguarda de la iglesia de San Miguel y San Julián de Valladolid. Se trata de una iglesia con numerosos bienes culturales de gran valor y susceptibles de protección especial en caso de emergencia o catástrofe. Con presencia de José Luís Velasco, Delegado Diocesano de Patrimonio de la Archidiócesis de Valladolid y la intervención de Alfredo Delgado, Jefe del Servicio de Extinción de Incendios del Ayuntamiento de Ávila y miembro de la Fundación Fuego. José Luís Velasco explicó el proceso de selección de la parroquia entre las 308 que hay en la ciudad de Valladolid para realizar el proyecto. Se trata de una iglesia que, sin tener la entidad de una catedral, sí cuenta con numerosos bienes culturales de gran valor y susceptibles de protección especial en caso de emergencia o catástrofe. La laboriosidad de semejante trabajo se hizo evidente a través del análisis del aparato documental derivado del mismo: Identificación y ubicación; seguridad contra incendios (análisis del edificio, existencia de hidrantes, tipos de estructuras, actividad y medio físico, instalaciones…); estudio de fachadas (de gran relevancia); plan de salvaguarda (en que se incluyen las fichas de prioridad de actuación, esenciales a la hora de poner en práctica estas tareas, como luego veremos); Guía Operativa Estandarizada ; estudio de patologías… Estos estudios suelen poner de manifiesto la existencia de puntos de especial riesgo en el entorno físico en el que se encuentras los bienes a proteger, sobre todo tratándose de edificios de carácter histórico. En definitiva, un recurso cuyo volumen físico ya es bastante apabullante.  En este mismo contexto, se presentó una aplicación informática para el manejo óptimo del material resultante del Plan de Salvaguarda.

La segunda mesa versó sobre la prevención y conservación del Patrimonio Cultural en el entorno forestal. Cristina Escudero, de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta, hizo una introducción al asunto defendiendo la denominación de “recursos ” naturales y culturales, concepto más ambicioso que el de “bienes”. Alertó sobre la destrucción de paisajes con conjuntos megalíticos, ermitas; la pérdida de patrimonio inmaterial como vías y caminos. La mayor parte de los incendios son intencionados. Hay un vínculo directo entre la pérdida de los cultivos tradicionales y la proliferación de incendios. Cuando la vida humana se retira del entorno natural, el riesgo es mucho mayor. No sólo se evalúan los daños causados por los incendios, sino el que causa la erosión post-incendio en el entorno a salvaguardar.

José Manuel del Rey, Director del Parque Arqueológico de Arte Rupestre de Campo Lameiro, en Pontevedra, cifró en 15.000 los yacimientos en el medio rural y forestal de Galicia. El riesgo de la sustitución de masas boscosas autóctonas está muy presente por la excesiva demanda de madera. La política forestal ha abocado al monte gallego a un problema de carácter estructural, que calificó de auténtico “polvorín” (así sucedió en el desastroso verano de 2006, por todos recordado). También echó de menos una verdadera coordinación de las Administraciones competentes. Visión pesimista contra la que caben algunas medidas como la geolocalización de paisajes culturales para su adecuada protección.

La jornada de tarde tuvo como protagonista a la coordinación en la gestión de emergencias. Moderada por Ana Carmen Pascual,  representante de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León, fue el eje de las jornadas, y permitió presentar el panorama de la gestión de emergencias en el estado Español actualmente. Miguel San Nicolás del Toro, Jefe del Servicio de Patrimonio Histórico de la Dirección General de Bienes Culturales de Murcia se había mostrado optimista en varias de sus intervenciones en los debates de la mañana. Destacó la necesidad de dotar de medios adecuados a las Unidades de Emergencias de las Comunidades Autónomas. Cosas tan aparentemente evidentes como llevar un vestuario, casco y calzado adecuados a la hora de atender una situación de crisis en lugares poco accesibles.

Por su parte, Concha Cirujano, del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), quien a lo largo de la jornada se había visto aludida por varias reivindicaciones  de los ponentes, destacó que el terremoto de Lorca fue en cierto sentido una oportunidad para que la gente tomara conciencia de la necesidad de reorientar el panorama de la gestión de emergencias en el patrimonio. La ley establece la necesidad de proteger personas y bienes. El papel de las Comunidades Autónomas es clave, ya que la gestión de las emergencias de nivel 2 es competencia suya. El Plan de Emergencias fue un avance. Los retos son conocer el Patrimonio existente, hacer mapas de riesgo, poner en común los medios y, sobre todo, la formación. Como era de esperar, a lo largo de las jornadas, la palabra formación fue protagonista indiscutible, tanto en boca de los responsables de las emergencias, como en la de los expertos en patrimonio. Evidentemente, es necesaria una constante comunicación entre ambos colectivos y el mantenimiento de planes de formación conjunta

El Capitán Roberto García García, actuó como representante de la Unidad Militar de Emergencias (UME) en las Jornadas. Expuso inicialmente la definición y objetivos de su Unidad, que utiliza capacidades de los tres ejércitos para atender aquellas emergencias de nivel 3 en las que se solicita su intervención. Emplea los servicios de reservistas, principalmente especialistas en materias específicas como geólogos, ingenieros de montes. El marco de actuación es el Plan Nacional de Emergencias y Gestión de Riesgos en Patrimonio Cultural a través de su Comisión de Seguimiento, en la que participan las Comunidades Autónomas. También realizan cursos de intervención. La UME cuenta con certificación oficial de Naciones Unidas para atención de desastres en el ámbito internacional. Así ha intervenido en los terremotos de L’Aquila (Italia) o Nepal. A destacar su intervención en una emergencia en el Patrimonio Documental, como fue la inundación sufrida por el Archivo General Militar de Segovia.

Entre las conclusiones de esta primera jornada me sorprendió escuchar esa frase que los archiveros usamos casi como una coletilla: “No lo comunicamos bien”. Esto parece indicar que tenemos mucho en común con otros gestores del Patrimonio Cultural. Estamos lejos de los ciudadanos. Concha Cirujano habló de ello cuando habló de cómo se sentían quienes tenían que casarse en una iglesia asolada por el terremoto de Lorca. Tenemos que conectar con los sentimientos del ciudadano, más allá de eruditos e historiadores. Lo difícil es saber cómo.

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El viernes 23 de octubre se puso en práctica todo lo aprendido en un simulacro de emergencias en el Archivo Histórico Provincial de Ávila. El director del mismo fue Alfredo Delgado, quien previamente explicó que las prioridades son: rescate de víctimas, contención del siniestro y rescate de bienes culturales. Es decir, ponerse en manos de los profesionales hasta que la situación esté controlada para empezar a poner en práctica los Planes de cada edificio. Tengo que decir que este ejercicio resultó muy ilustrativo y tuve la oportunidad de participar en él como personal técnico de archivo para salvaguarda de los documentos seleccionados para la emergencia. Las unidades de instalación estaban marcadas con una etiqueta roja (nivel máximo), naranja (medio) o verde (mínimo) a la hora de la evacuación. Una de las tareas necesarias que debemos realizar en los archivos es la determinación del nivel de prioridad en caso de evacuación de los documentos una vez ingresados en nuestros centros (simultáneamente a su inventariado o catalogación). Evidentemente, la Regla de conservación de cada serie ya implica una decisión en este sentido, ya que siempre será prioritario salvar aquellos documentos sobre los que se haya dictaminado conservación permanente. ¿O no? (aquí lanzo una pregunta a mis aguerridos lectores). Otro trabajo más a añadir a los muchos que tenemos pendientes en nuestro esforzado y, a veces, estrambótico ejercicio profesional.

En un posterior análisis de los fallos observados, se pusieron de manifiesto algunas mejoras posibles en el procedimiento de retirada de las piezas (algunas se extrajeron del edificio y otras fueron protegidas “in situ” mediante mantas ignífugas); también en el almacenamiento de las piezas rescatadas hubo alguna “disfunción”. Un detalle como fue el enganche de las fichas de cada pieza al bombero encargado de rescatarla dio más de un quebradero de cabeza por una cuestión aparentemente nimia como el diseño del taladro para insertarla en el colgante.

Destacar la gran motivación del personal del archivo a la hora de implicarse en este simulacro. Este aspecto fue subrayado durante las conclusiones. Sin motivación por parte de los encargados de la protección del patrimonio, no es posible este tipo de actuaciones. Hay que dar la enhorabuena a la Directora del Centro, Carmen López Sanchidrián tanto por su trabajo como por su labor de anfitriona en este evento.

Como siempre, la ciudad de Ávila fue acogedora y, por momentos, mágica. Un inusualmente cálido mes de octubre nos permitió disfrutar también de la vida en sus calles (en las que el quinto centenario de Santa Teresa de Jesús –STJ500– aún es protagonista) y degustar su estupenda oferta gastronómica.

 

Imagen: vista del AHP de Ávila en los momentos previos al simulacro [fotografía del autor].

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