Herramientas útiles para difusión (también en los archivos)

Quisiera compartir con todos los posibles lectores que no estén familiarizados con la de generación de contenidos multimedia una serie de herramientas que permiten, con muy poco esfuerzo, crear objetos con los que apoyar la difusión de las actividades que llevamos a cabo en nuestros archivos.

Al tratarse la nuestra de una tarea tan ardua e, inicialmente, poco atractiva, conviene saber cómo emplear elementos que “entren por los ojos” cuando sea necesario y prescindir por un momento de nuestros profundos e inveterados saberes archivísticos e historiográficos cargados de descripciones multinivel y sesudas notas al pie de página (#IroníaModoOn) para llegar al público más generalista que busca conocimiento pero también entretenimiento.

He tenido la fortuna de ser alumno en una acción formativa organizada por la Dirección de Comunicación de la Junta de Castilla y León, bajo cuya competencia se encuentran actualmente la gestión y coordinación de los perfiles en redes sociales de la Junta de Castilla y León, así como de la Administración de la Comunidad y de sus entes adscritos. El curso fue impartido, además, por la gente de Microbio Comunicación (Álex Sanz y Fernando Bedmar –Fer-), un equipo que está a la última en cuanto a diseño y creación de contenidos de este tipo (tuve la suerte de trabajar con @alexsanzvicente en unas Jornadas de la ECLAP sobre difusión de archivos y consiguió hacerme un estupendo vídeo sin que se rompiera la cámara).

De las muy necesarias pautas sobre diseño gráfico y comunicación, entresaco lo siguiente:

– Menos es más.

– Hay que dejar reposar lo escrito (sin llegar, claro, a lo que propugnaba Leibniz sobre guardar un escrito durante diez años en un cajón antes de pretender publicarlo), la inmediatez es uno de los males más extendidos de las Redes Sociales.

De las herramientas, me gustaría destacar para aquellos que no las conozcan, las siguientes:

Para la creación de infografías, un instrumento de comunicación con amplia tradición a la espalda en la prensa escrita, pero que está teniendo una expansión tremenda en los últimos tiempos, la herramienta es Piktochart.

 

Picto

 

Ofrece plantillas muy  útiles de las que partir para elaborar infografías, presentaciones, posters e informes visuales de dos páginas.

El “boom” del gif ha llegado recientemente a la prensa a través de un artículo de Marcos Iriarte en diario El Mundo. Giphy, valorada en casi 300 millones de  es la mayor biblioteca de gifs gratuitos que existe en el mundo.

 

Giphy

 

Tampoco los gifs animandos son desconocidos para quien haya vivido el nacimiento y desarrollo de Internet, pero esto ya ha adquirido un cariz completamente distinto. Entre el frikismo más  estrambótico y la ternura más empalagosa, en esta mediateca podemos encontrar trozos de material audiovisual que se reproduce “ad infinitum” y probablemente “ad nauseam” (debo reconocer mi debilidad por el gif de Travolta confundido en el supermercado, un filón para los cursos de archivos).

via GIPHY

Uno de los aspectos más destacables de esta herramienta es su fácil uso. Detalles como que se puedan subir los archivos directamente desde el PC sólo con seleccionarlos y arrastrarlos a la pantalla, son realmente dignos de mención.

Pero no sólo se puede utilizar material disponible en la web, sino que podemos crear contenidos propios a partir de fotografías (presentaciones) o a partir de archivos de vídeo. También podemos editar gifs o imágenes para introducir elementos de animación, textos en movimiento, etc. Todos ellos podremos incluirlos en las Redes Sociales (Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest…).

En el apartado de diseño gráfico destaco Pablo y Canva como verdaderas “estrellas”.

Pablo, by Buffer es una aplicación para la creación de imágenes preparadas para las Redes Sociales. De manera muy intuitiva se puede seleccionar el tamaño de la imagen dependiendo de la Red para la que la necesitemos, como se aprecia en esta captura de pantalla:

Pablo

 

Más específicamente para la diseño y creación presentaciones gráficas, posters, invitaciones, Canva resulta una herramienta muy  valiosa, más evolucionada que Piktochart y con más funcionalidades que Pablo.  Sus creadores afirman que se trata del programa de diseño más sencillo del mundo. En mi opinión resulta muy útil. Hay que advertir que algunos de los diseños y elementos son de pago.

 

Canva

 

El video se ha convertido en  una forma de comunicación en sí mismo: formación, opinión, creación artísitica o mero entretenimiento. La facilidad de generar contenidos audiovisuales y difundirlos hace que también los archiveros debamos estar atentos a su utilidad para la difusión. No hay que tener miedo a crear elementos audiovisuales orientados a la puesta en valor de nuestro patrimonio documental y de las actividades que realizamos para su organización y conservación. Creo que es un importante elemento didáctico que apenas aprovechamos.

Según Youtoube el vídeo digital superará a la Televisión en 2020. En estas jornadas he tenido ocasión de darme cuenta de lo infrautilizado que tenía mi canal de Youtube. En él hay un pequeño pero muy útil apartado para la creación de proyectos de vídeo llamado  “Creators Studio”.

 

Youtube

 

En él podemos crear, guardar y descargar nuestros vídeos. Hay, además música y vídeo gratis que podemos utilizar. Con un teléfono y algo de pericia podemos hacer capturas de vídeo y, posteriormente, mejorar la imagen, montarlas, añadir audio, etc.

No olvidemos que hay muchísimo contenido libre de derechos de autor que podemos  utilizar. Baste acudir a la web Archive.org para darnos cuenta de la cantidad de material que tenemos a nuestra disposición. También se han liberado muchas imágenes en instituciones como la Biblioteca Pública de Nueva York o la British Library.

Espero que estas herramientas os sirvan para hacer un poco más visible nuestra profesión en esta cambiante sociedad de la “hiper” información.

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Cruzada contra el papel

Nada me ha disgustado más en mi andadura como archivero que escuchar a personas integradas en las Administraciones Públicas hablar del “papel” en sentido peyorativo. Aquí van unos ejemplos.

Esos finolis encorbatados que llevan décadas proclamando las bondades de la “oficina sin papeles” pero con una intención meramente estética, ya que les disgusta sobremanera el aspecto que ofrecen las carpetas, cajas, los “A/Z”… y, ya no digamos, los “legajos”, ocupando espacio en las cercanías de sus fabulosos despachos, y se han limitado a permitir o fomentar el arrinconamiento de la documentación en altillos, buhardillas, sótanos inmundos, huecos tras los armarios y demás lugares en los que hemos tenido que entrar con guantes y mascarilla los archiveros para hacernos cargo del marrón pasado un tiempo tras el ascenso u ostracismo del citado sujeto.

Esos compañeros que, al ver nuestras evoluciones en medio de un traslado, con o sin bata, nos preguntan haciendo gala de lo que ellos suponen que es un fino humor:

– Oye,  ¿y por qué no lo quemáis todo?

Ese responsable que, frente a la evidencia de que los medios materiales con que se cuenta no pueden hacer frente al volumen de documentación que guarda el archivo te sugiere:

– Todo esto se puede escanear… para que ocupe menos… ¿no?

Y, el peor de todos con diferencia, quien ha puesto los medios para desarrollar un fantástico sistema de gestión sin tener en cuenta la necesidad de garantizar la validez, integridad y custodia de los documentos electrónicos o “corrientes de datos” generados por la misma y, finalmente, llega a la conclusión de que no hay más remedio que imprimirlos en papel. Además sugiere que se archiven “por fechas de registro” ya que se ha perdido cualquier posibilidad de integrarlos en una agrupación documental natural o artificial mínimamente coherente.

Esta caterva ha protagonizado una esperpéntica y extemporánea (además de ridícula) cruzada contra el papel que, como las matemáticas al final son tozudas y no mienten (más cuando se trata simplemente de sumar), no ha tenido éxito alguno hasta el momento.

 

Lusignan_Tyr

 

Este año he leído cosas muy interesantes sobre el libro electrónico (sí, ese que,  según los futurólogos de chichinabo, iba a barrer al libro convencional), como este artículo de Guillermo Altares en diario El País: El libro de papel resiste la avalancha digital. Está claro que el papel resiste también en el ámbito bibliotecario, como indica Julián Marquina en una entrada sobre el asunto de su blog:

El peor enemigo del libro electrónico es el libro en papel. Mientras se le siga comparando con él tendrá la batalla perdida. Solamente se avanzará cuando se analice y trabaje en sus diferencias. Por ahora la profecía de que el libro electrónico iba a sustituir al libro en papel no se cumple.

Este año 2015, que se nos escapa entre los dedos, hemos sido testigos de la publicación de dos normas fundamentales para el funcionamiento de las Administraciones Públicas: la Ley del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas y la Ley de Régimen Jurídico del Sector Público. Para los amigos “la 39″ y “la 40″, como si fueran legiones romanas o divisiones del Ejército Aliado sobre la fortaleza europea en la Segunda Guerra Mundial o de las tropas que liberaron París del yugo nazi.

“La 39″ dice lo siguiente:

Artículo 17. Archivo de documentos.

1. Cada Administración deberá mantener un archivo electrónico único de los documentos electrónicos que correspondan a procedimientos finalizados, en los términos establecidos en la normativa reguladora aplicable.

2. Los documentos electrónicos deberán conservarse en un formato que permita garantizar la autenticidad, integridad y conservación del documento, así como su consulta con independencia del tiempo transcurrido desde su emisión. Se asegurará en todo caso la posibilidad de trasladar los datos a otros formatos y soportes que garanticen el acceso desde diferentes aplicaciones. La eliminación de dichos documentos deberá ser autorizada de acuerdo a lo dispuesto en la normativa aplicable.

3. Los medios o soportes en que se almacenen documentos, deberán contar con medidas de seguridad, de acuerdo con lo previsto en el Esquema Nacional de Seguridad, que garanticen la integridad, autenticidad, confidencialidad, calidad, protección y conservación de los documentos almacenados. En particular, asegurarán la identificación de los usuarios y el control de accesos, así como el cumplimiento de las garantías previstas en la legislación de protección de datos.

Y “la 40″ dice esto:

Artículo 46. Archivo electrónico de documentos.

1. Todos los documentos utilizados en las actuaciones administrativas se almacenarán por medios electrónicos, salvo cuando no sea posible.

2. Los documentos electrónicos que contengan actos administrativos que afecten a derechos o intereses de los particulares deberán conservarse en soportes de esta naturaleza, ya sea en el mismo formato a partir del que se originó el documento o en otro cualquiera que asegure la identidad e integridad de la información necesaria para reproducirlo. Se asegurará en todo caso la posibilidad de trasladar los datos a otros formatos y soportes que garanticen el acceso desde diferentes aplicaciones.

3. Los medios o soportes en que se almacenen documentos, deberán contar con medidas de seguridad, de acuerdo con lo previsto en el Esquema Nacional de Seguridad, que garanticen la integridad, autenticidad, confidencialidad, calidad, protección y conservación de los documentos almacenados. En particular, asegurarán la identificación de los usuarios y el control de accesos, el cumplimiento de las garantías previstas en la legislación de protección de datos, así como la recuperación y conservación a largo plazo de los documentos electrónicos producidos por las Administraciones Públicas que así lo requieran, de acuerdo con las especificaciones sobre el ciclo de vida de los servicios y sistemas utilizados.

[Las negritas son mías y marcan los puntos más conflictivos de ambos artículos].

El día 29 de este mes, dentro de un debate generado en el viejo foro de archivos “ARXIFORUM” respecto a la transparencia, el siempre certero Julio Cerdá dijo que hay que trabajar en los dos nuevos frentes que nos brinda la Ley 39/2015.

Por un lado, pone en evidencia que todos los expedientes administrativos deberán ser obligatoriamente electrónicos. Según su artículo 70. 2. “Los expedientes tendrán formato electrónico y se formarán mediante la agregación ordenada de cuantos documentos, pruebas, dictámenes, informes, acuerdos, notificaciones y demás diligencias deban integrarlos, así como un índice numerado de todos los documentos que contenga cuando se remita. Asimismo, deberá constar en el expediente copia electrónica certificada de la resolución adoptada”. Así, los expedientes “en papel” pasarían a ser nulos de pleno derecho. Este es el escenario perfecto para desarrollar la transparencia activa.

Por otro, destaca que la obligación de todas las Administraciones de mantener un archivo electrónico único es esencial para el desarrollo de la administración electrónica y de la transparencia, al disponer de documentos accesibles, reutilizables e interoperables.

La clave es, entonces, cumplir la ley. ¿No? Volviendo a la IIGM ¿la ley de 2007 era “un puente demasiado lejano”? Hay que suponer que, ahora, los legisladores están seguros de que estas disposiciones se pueden llegar a cumplir porque hay medios humanos y materiales suficientes para ponerlas en práctica (de momento se ha postergado su aplicación  y supongo que no será por seguir la actual tendencia cultural, casi elevada a la categoría de arte, a la procrastinación).

Personalmente me gusta el papel, escribo a mano cada día. Todavía veo que tiene un encanto especial y tal vez sea así mientras viva nuestra generación. En una serie como True Detective cuyo primer capítulo de la primera temporada he visto recientemente (algo retrasado ando, lo reconozco), el melancólico personaje que interpreta fantásticamente Matthew McConaughey, “Rust” Cohle, porta un cuaderno en el que hace todo tipo de anotaciones y dibujos sobre las investigaciones que llevan a cabo. Recordé la escritura obsesiva de los diarios del asesino John Doe, el genial Kevin Spacey, en la ya mítica Seven. Esta fascinación que suscita lo escrito en papel jamás la podrán alcanzar los documentos electrónicos, para cuya interpretación siempre necesitaremos el intermedio de una máquina que los “dibuje” de forma que se puedan entender.

Pero profesionalmente, como archivero y gestor de documentos, me es indiferente archivar papel o documentos electrónicos. Así de sencillo. Si no se ha completado la transición no ha sido culpa nuestra (aunque, a veces, nos reprochen que ponemos muchas pegas y puede que sea cierto). Encontrar las cosas es nuestra tarea, pero no podremos hacerlo si no hay un criterio coherente que nos permita conocer el idioma con el que debemos dirigirnos a las máquinas y si ellas tienen o no la información completa que debía guardarse con la finalidad de ser recuperada por la propia  Administración para sí o para los ciudadanos (transparencia pasiva); o, con un criterio más ambicioso, pueda ser analizada sin intermedio alguno por todos cuantos lo deseen (transparencia activa).

¡Feliz año 2016!

[Imagen: Guido de Lusignan y Sibila de Jerusalén frente a Tyro. Anónimo. Biblioteca Nacional de Francia.  Dominio Público].

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¡Emergencia!

Durante los días 22 y 23 de octubre se celebró en Ávila una Jornada Técnica sobre Gestión de Emergencias en el Patrimonio Cultural de Castilla y León a la que tuve la oportunidad de acudir. Las organizaban la Junta de Castilla y León y la Fundación Fuego.

No por casualidad, esta Jornada tuvo lugar en el Archivo Histórico Provincial de Ávila, centro que se ha caracterizado por la implicación a la hora de abordar los planes de autoprotección en edificios de interés cultural y salvaguarda de los bienes culturales contenidos en ellos. De hecho, fue “pionero en el mundo” a la hora de contar con un  Plan de Emergencias en el contexto de Plan de Protección, Conservación y Catalogación ante Emergencias del Conjunto Histórico de la ciudad de Ávila, que se elaboró, tras un trabajo de tres años, para 40 edificios de la ciudad en 2010. Este Plan, por cierto, está disponible a la entrada del edificio para los servicios de emergencias de la Ávila a través de un código QR.  El hecho de que un archivo fuera la sede de estas jornadas, también permitió que se hiciera hincapié en que los documentos custodiados por los archivos también son susceptibles, con ciertas particularidades, de protección y salvamento en caso de emergencia sobrevenida, aspecto que seguramente deberíamos tener más en cuenta en nuestra formación (más centrada casi siempre en aspectos preventivos).

El Director General de Patrimonio Cultural de la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y LeónEnrique Saiz, realizó la apertura indicando la importancia de la implicación social de la protección del Patrimonio. Dejó claro que la sociedad debe identificarlo como algo suyo para que dedique sus esfuerzos a salvarlo en caso de necesidad. Citó el ejemplo del incendio de la Catedral de León en 1966 desde el punto de vista de la aplicación de técnicas correctas de extinción que no agraven el deterioro de los bienes. Tampoco se olvidó del más reciente terremoto de Lorca en el que la actuación de voluntarios contribuyó a paliar los efectos devastadores sobre los bienes culturales. Destacó, finalmente, la importancia del Plan Nacional de Emergencias como instrumento esencial a la hora de proteger el Patrimonio Cultural.

La primera mesa de trabajo se centró en la planificación de emergencias, con la presentación del Plan de Salvaguarda de la iglesia de San Miguel y San Julián de Valladolid. Se trata de una iglesia con numerosos bienes culturales de gran valor y susceptibles de protección especial en caso de emergencia o catástrofe. Con presencia de José Luís Velasco, Delegado Diocesano de Patrimonio de la Archidiócesis de Valladolid y la intervención de Alfredo Delgado, Jefe del Servicio de Extinción de Incendios del Ayuntamiento de Ávila y miembro de la Fundación Fuego. José Luís Velasco explicó el proceso de selección de la parroquia entre las 308 que hay en la ciudad de Valladolid para realizar el proyecto. Se trata de una iglesia que, sin tener la entidad de una catedral, sí cuenta con numerosos bienes culturales de gran valor y susceptibles de protección especial en caso de emergencia o catástrofe. La laboriosidad de semejante trabajo se hizo evidente a través del análisis del aparato documental derivado del mismo: Identificación y ubicación; seguridad contra incendios (análisis del edificio, existencia de hidrantes, tipos de estructuras, actividad y medio físico, instalaciones…); estudio de fachadas (de gran relevancia); plan de salvaguarda (en que se incluyen las fichas de prioridad de actuación, esenciales a la hora de poner en práctica estas tareas, como luego veremos); Guía Operativa Estandarizada ; estudio de patologías… Estos estudios suelen poner de manifiesto la existencia de puntos de especial riesgo en el entorno físico en el que se encuentras los bienes a proteger, sobre todo tratándose de edificios de carácter histórico. En definitiva, un recurso cuyo volumen físico ya es bastante apabullante.  En este mismo contexto, se presentó una aplicación informática para el manejo óptimo del material resultante del Plan de Salvaguarda.

La segunda mesa versó sobre la prevención y conservación del Patrimonio Cultural en el entorno forestal. Cristina Escudero, de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta, hizo una introducción al asunto defendiendo la denominación de “recursos ” naturales y culturales, concepto más ambicioso que el de “bienes”. Alertó sobre la destrucción de paisajes con conjuntos megalíticos, ermitas; la pérdida de patrimonio inmaterial como vías y caminos. La mayor parte de los incendios son intencionados. Hay un vínculo directo entre la pérdida de los cultivos tradicionales y la proliferación de incendios. Cuando la vida humana se retira del entorno natural, el riesgo es mucho mayor. No sólo se evalúan los daños causados por los incendios, sino el que causa la erosión post-incendio en el entorno a salvaguardar.

José Manuel del Rey, Director del Parque Arqueológico de Arte Rupestre de Campo Lameiro, en Pontevedra, cifró en 15.000 los yacimientos en el medio rural y forestal de Galicia. El riesgo de la sustitución de masas boscosas autóctonas está muy presente por la excesiva demanda de madera. La política forestal ha abocado al monte gallego a un problema de carácter estructural, que calificó de auténtico “polvorín” (así sucedió en el desastroso verano de 2006, por todos recordado). También echó de menos una verdadera coordinación de las Administraciones competentes. Visión pesimista contra la que caben algunas medidas como la geolocalización de paisajes culturales para su adecuada protección.

La jornada de tarde tuvo como protagonista a la coordinación en la gestión de emergencias. Moderada por Ana Carmen Pascual,  representante de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León, fue el eje de las jornadas, y permitió presentar el panorama de la gestión de emergencias en el estado Español actualmente. Miguel San Nicolás del Toro, Jefe del Servicio de Patrimonio Histórico de la Dirección General de Bienes Culturales de Murcia se había mostrado optimista en varias de sus intervenciones en los debates de la mañana. Destacó la necesidad de dotar de medios adecuados a las Unidades de Emergencias de las Comunidades Autónomas. Cosas tan aparentemente evidentes como llevar un vestuario, casco y calzado adecuados a la hora de atender una situación de crisis en lugares poco accesibles.

Por su parte, Concha Cirujano, del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), quien a lo largo de la jornada se había visto aludida por varias reivindicaciones  de los ponentes, destacó que el terremoto de Lorca fue en cierto sentido una oportunidad para que la gente tomara conciencia de la necesidad de reorientar el panorama de la gestión de emergencias en el patrimonio. La ley establece la necesidad de proteger personas y bienes. El papel de las Comunidades Autónomas es clave, ya que la gestión de las emergencias de nivel 2 es competencia suya. El Plan de Emergencias fue un avance. Los retos son conocer el Patrimonio existente, hacer mapas de riesgo, poner en común los medios y, sobre todo, la formación. Como era de esperar, a lo largo de las jornadas, la palabra formación fue protagonista indiscutible, tanto en boca de los responsables de las emergencias, como en la de los expertos en patrimonio. Evidentemente, es necesaria una constante comunicación entre ambos colectivos y el mantenimiento de planes de formación conjunta

El Capitán Roberto García García, actuó como representante de la Unidad Militar de Emergencias (UME) en las Jornadas. Expuso inicialmente la definición y objetivos de su Unidad, que utiliza capacidades de los tres ejércitos para atender aquellas emergencias de nivel 3 en las que se solicita su intervención. Emplea los servicios de reservistas, principalmente especialistas en materias específicas como geólogos, ingenieros de montes. El marco de actuación es el Plan Nacional de Emergencias y Gestión de Riesgos en Patrimonio Cultural a través de su Comisión de Seguimiento, en la que participan las Comunidades Autónomas. También realizan cursos de intervención. La UME cuenta con certificación oficial de Naciones Unidas para atención de desastres en el ámbito internacional. Así ha intervenido en los terremotos de L’Aquila (Italia) o Nepal. A destacar su intervención en una emergencia en el Patrimonio Documental, como fue la inundación sufrida por el Archivo General Militar de Segovia.

Entre las conclusiones de esta primera jornada me sorprendió escuchar esa frase que los archiveros usamos casi como una coletilla: “No lo comunicamos bien”. Esto parece indicar que tenemos mucho en común con otros gestores del Patrimonio Cultural. Estamos lejos de los ciudadanos. Concha Cirujano habló de ello cuando habló de cómo se sentían quienes tenían que casarse en una iglesia asolada por el terremoto de Lorca. Tenemos que conectar con los sentimientos del ciudadano, más allá de eruditos e historiadores. Lo difícil es saber cómo.

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El viernes 23 de octubre se puso en práctica todo lo aprendido en un simulacro de emergencias en el Archivo Histórico Provincial de Ávila. El director del mismo fue Alfredo Delgado, quien previamente explicó que las prioridades son: rescate de víctimas, contención del siniestro y rescate de bienes culturales. Es decir, ponerse en manos de los profesionales hasta que la situación esté controlada para empezar a poner en práctica los Planes de cada edificio. Tengo que decir que este ejercicio resultó muy ilustrativo y tuve la oportunidad de participar en él como personal técnico de archivo para salvaguarda de los documentos seleccionados para la emergencia. Las unidades de instalación estaban marcadas con una etiqueta roja (nivel máximo), naranja (medio) o verde (mínimo) a la hora de la evacuación. Una de las tareas necesarias que debemos realizar en los archivos es la determinación del nivel de prioridad en caso de evacuación de los documentos una vez ingresados en nuestros centros (simultáneamente a su inventariado o catalogación). Evidentemente, la Regla de conservación de cada serie ya implica una decisión en este sentido, ya que siempre será prioritario salvar aquellos documentos sobre los que se haya dictaminado conservación permanente. ¿O no? (aquí lanzo una pregunta a mis aguerridos lectores). Otro trabajo más a añadir a los muchos que tenemos pendientes en nuestro esforzado y, a veces, estrambótico ejercicio profesional.

En un posterior análisis de los fallos observados, se pusieron de manifiesto algunas mejoras posibles en el procedimiento de retirada de las piezas (algunas se extrajeron del edificio y otras fueron protegidas “in situ” mediante mantas ignífugas); también en el almacenamiento de las piezas rescatadas hubo alguna “disfunción”. Un detalle como fue el enganche de las fichas de cada pieza al bombero encargado de rescatarla dio más de un quebradero de cabeza por una cuestión aparentemente nimia como el diseño del taladro para insertarla en el colgante.

Destacar la gran motivación del personal del archivo a la hora de implicarse en este simulacro. Este aspecto fue subrayado durante las conclusiones. Sin motivación por parte de los encargados de la protección del patrimonio, no es posible este tipo de actuaciones. Hay que dar la enhorabuena a la Directora del Centro, Carmen López Sanchidrián tanto por su trabajo como por su labor de anfitriona en este evento.

Como siempre, la ciudad de Ávila fue acogedora y, por momentos, mágica. Un inusualmente cálido mes de octubre nos permitió disfrutar también de la vida en sus calles (en las que el quinto centenario de Santa Teresa de Jesús -STJ500- aún es protagonista) y degustar su estupenda oferta gastronómica.

 

Imagen: vista del AHP de Ávila en los momentos previos al simulacro [fotografía del autor].

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Competencias sobre archivos

La celebración de elecciones autonómicas suele traer aparejada la creación, supresión y fusión de Consejerías, la modificación de sus estructuras orgánicas y de la adscripción de competencias y funciones a cada centro directivo. Más o menos duraderos, estos cambios siempre suponen un quebradero de cabeza para los archiveros ya que uno de los instrumentos fundamentales de nuestra acción está directamente vinculado a la organización de los fondos y su pertenencia a uno u otro organismo (ese no por conocido menos arcano “principio de procedencia”).

No es nuevo el debate sobre dónde deben ubicarse las competencias sobre archivos y patrimonio documental dentro de la estructura de una Administración. Prácticamente desde que aterricé en este mundo archivístico vengo comprobando que hay dos líneas doctrinales en esta cuestión:

– Por un lado los que defienden la inclusión de las competencias en el área de Cultura, destacando el carácter patrimonial de los documentos y la función de los archivos como instituciones culturales. La justificación es el valor secundario de la documentación como fuente de investigación histórica, medio de difusión cultural e incluso objeto de interés turístico.

Simplificado, esta opción se resumiría así:

“Cierto que somos poco relevantes en la estructura y en el presupuesto, pero nos defendemos bien desde este pequeño reducto. E incluso, alguna vez, salimos en la prensa cuando un prestigioso investigador encuentra un “tesoro” entre nuestros fondos”.

– Por otro aquellos que inciden en el carácter transversal de la gestión documental y defienden que su adscripción a  áreas como Administraciones Públicas o Presidencia es lo pertinente. Un argumento utilizado frecuentemente en su favor es que vivimos un cambio de paradigma relacionado con los documentos electrónicos, cuya adecuada gestión requiere una visión de conjunto que tenga en cuenta la trazabilidad tanto de su uso como de su custodia y no pierda de vista las políticas de datos abiertos y transparencia a que se encuentran obligadas las Administraciones.

Esta otra visión podría plasmarse, también con cierta ironía, en las frases siguientes:

“No hay buen gobierno sin una adecuada gestión documental, somos importantísimos y nuestra influencia se ha de notar en todo el tejido administrativo. Incluso tendrán que contar con nosotros para las grandes decisiones, aunque sea a cambio de gestionar documentos que no somos capaces de interpretar sin intermediarios”.

Carmen Guardia (@CarmenGuardia1) ha comentado en un texto su perplejidad sobre la nueva adscripción de los archivos en el caso de la Comunidad de Madrid. De ello se hizo eco enseguida María Jesús Serrano en su blog Balduqueando.

La reciente estructura orgánica básica de la de la Junta de Extremadura ha evidenciado también un cierto olvido de las competencias sobre archivos. El patrimonio cultural se somete a la superior dirección de la Presidencia de la Junta de Extremadura y, su coordinación, a la Secretaría General de Cultura. Así lo ha indicado la Asociación de Archiveros de esta Comunidad Autónoma (@ArchiverosEx)

No voy a decantarme por ninguna de las dos escuelas. Lo único que propugno es hacer nuestro trabajo lo mejor posible con independencia de dónde se nos ubique.

En la Junta de Castilla y León las competencias en esta materia se han venido adscribiendo, sin solución de continuidad, a la consejería competente en materia de Cultura: sucesivamente consejerías de Educación y Cultura; Cultura y Bienestar social; y Cultura y Turismo. En 1986 se firmó el convenio para la gestión de los archivos de titularidad estatal, que marcó profundamente la estructura de las redes de archivos en la normativa autonómica al incorporar la gestión de los Archivos Históricos Provinciales.

Hay que indicar, sin embargo, que la creación del Archivo Central de la Administración de Castilla y León en 1986 y el posterior Reglamento de 1987 (modificado en 1989 incluyendo la documentación de las Delegaciones Territoriales) supusieron un intento de vincular el archivo intermedio de la Junta de Castilla y León al área de Presidencia, ya que se hacía depender este centro de la Consejería de Presidencia y Administración Territorial. Ello sin que se desvinculara claramente la administración archivística de la Consejería de Cultura, Esta situación de ambigüedad se mantendría hasta la aprobación de la Ley de Archivos y Patrimonio Documental de 1991.

El Reglamento del Sistema de Archivos de Castilla y León de 1996 incluyó en su ámbito de actuación todo los documentos sea cual fuera su fase de gestión y a los archivos de oficina como centros encargados de la custodia de aquellos que resultaran de uso habitual. La implicación de la Administración Archivística en las fases previas a la de archivo intermedio fue tomando protagonismo a través de la formación de usuarios y, más recientemente, de la aplicación de las normas de interoperabilidad. Siempre he destacado la labor de los archiveros en los archivos intermedios como agentes “comisionados”  para la defensa del Patrimonio Documental desde su generación con la tarea de evitar que aquello que merezca ser conservado se pierda o desaparezca, llámese Cultura o Administración Pública la Consejería de la que dependan funcionalmente.

Las competencias sobre archivos siempre son transversales, en el fondo se trata más bien de una cuestión de “peso” en el organigrama del departamento al que se hallen adscritas.

Y, como en el aforismo del poeta cubano José Lezama Lima que dio título aquella estupenda revista literaria publicada en el culturalmente efervescente Valladolid de los años 80 y 90: “…el Perugino se nos acerca silenciosamente y nos da la solución: Prepara la sopa, mientras voy a pintar un ángel más“.

La primera necesidad que tuve cuando leí el Decreto de reestructuración de consejerías de la Junta de Castilla y León fue tener de un solo vistazo una panorámica diacrónica de la distribución de las competencias. Y la mejor manera de obtenerla fue actualizar “una vez más” el cuadro evolutivo que, con varios errores, se publicó en el año 2004 en el libro El Consejo General de Castilla y León: Inventario.

Vivien_Leigh_Gone_Wind_Restored

 

Aquí lo pongo a disposición de quien pueda tener interés en estos asuntos “tan nuestros”. De nuestro “peso”, como diría la bella procrastinadora Scarlett O’Hara, ya nos ocuparemos mañana:

 

Imagen:

«Vivien Leigh Gone Wind Restored» Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons – https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Vivien_Leigh_Gone_Wind_Restored.jpg#/media/File:Vivien_Leigh_Gone_Wind_Restored.jpg

 

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Mala conciencia

“La espera sin horizonte de espera, la impaciencia absoluta de un deseo de memoria”.

Jacques DERRIDA. Mal de archivo [hoja suelta].

 

Un año bajo la égida de Erato, la amorosa, me olvidé por completo de Mnemósine, quien precisamente era la madre, junto con el siempre lúbrico Zeus, de todas las Musas. Llegado este último día (laborable) de 2014 he sentido la necesidad (¿mala conciencia?) de señalar, sucintamente al menos, cuales han sido las “cosas de archivos” de las que he querido hablar y que, por una u otra razón, no he sido capaz de dejar registradas en este blog.

Desarchivo:

El poder no tiende a la destrucción, como a veces incluso yo he llegado a pensar, sino al desarchivo. Es un concepto del que fui consciente el año pasado en la bella ciudad de Zaragoza, convertido, inopinadamente, en usuario de un archivo de la administración de justicia militar. Mi pregunta es ¿cuándo esa función de desarchivo pasa a ser puramente archivística? Tal vez nunca. Siempre hay un poder por encima del archivo/archivero (algunos  dirían “¡afortunadamente!”, tal vez con razón). El punto de ruptura es la “persistencia del consignador” (utilizando una terminología derridariana). Que el archivo deje de  formar parte del engranaje político-administrativo del órgano que ha generado los documentos no quiere decir que se imponga un criterio puramente archivístico.

La Regla de conservación es un instrumento en el que se manifiesta la continuidad de esa tendencia al ejercicio de su poder por parte del productor, acumulador, incautador, coleccionista, hallador, etc.

Transparencia:

Algunas palabras parecen adquirir en nuestros tiempos un carácter totémico (en cuanto nos protegen de algo) y salvífico (en tanto evitan algo malo que ya se ha producido). Así la palabra transparencia, que significa en esencia ser evidente o que se deja adivinar, ha pasado a convertirse en una especie de mantra muy eficaz para arrancar de raíz el natural oscurantismo propio del Estado, así como una efectiva terapia contra su tendencia a declarar secreto todo aquello que le place.

Pero ni calidad en su día (hoy cotizando a la baja) ni transparencia ahora supondrán un giro copernicano para los archivos, ya que tienen relación con ellos sólo de manera tangencial, como tantas otras disciplinas y eventos relacionados con nuestras leyes y nuestra vida social.

 

Extinción:

Este año me he sentido como el personaje de la novela de Pirandello, El difunto Matías Pascal, que contempla su propia tumba. Me temo que, pese a los buenos propósitos en contra y las voluntariosas admoniciones  de muchos sabios y exégetas, los archiveros nos extinguiremos. Nosotros sólo podemos decidir si lo queremos hacer al estilo de Macbeth en la tragedia de William Shakespeare o al de Franz Josef Murau en la novela  Thomas Bernhard (titulada precisamente Extinción). En cualquier caso habrá que hacerlo con estilo.

Los motivos de este inevitable proceso son, fundamentalmente, dos pero se pueden incluir en un solo enunciado: no hemos sabido adaptarnos porque no nos han querido reconocer de acuerdo a como debemos ser nosotros mismos.

 

Nuestra única advocación posible, universal y confesable, es la Memoria:

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¡Feliz 2015 para todos!

 

[Imagen: MNEMOSYNE. Antioch mosaics in the Worcester Art Museum, Worcester, Massachusetts, USA. Dominio público.]

 

 

 

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Miradas en el archivo

Ayer lunes 25 de noviembre, coincidiendo con el Día Internacional Contra la Violencia de Género, tuvieron lugar en el Archivo Histórico Provincial de Ávila, unas Conversaciones con ocasión de la clausura de la exposición “Un tiempo entre visillos“.  Esta interesante muestra, que pone de manifiesto una vez más que no es necesario realizar grandes dispendios para difundir los fondos y dar a conocer las tareas que se realizan en los archivos, ha pasado ya por varios archivos de la red provincial del sistema de Castilla y León.

En representación de la Consejería de Cultura y Turismo, el Jefe del Servicio de Archivos y Bibliotecas, Carlos Travesí de Diego, presentó el acto. Contextualizó la muestra y mostró su agradecimiento a Patricio Fernández García, quien fue el principal muñidor de este proyecto y ahora es el responsable del Servicio de Promoción Cultural de la Dirección General de Políticas Culturales de la Junta de Castilla y León.

La charla tuvo una intención integradora, ya que reunió a mujeres con visiones muy diversas e incluso opuestas sobre el papel del género femenino durante el siglo XX. Sin duda la directora del Archivo Histórico Provincial de Ávila, Carmen López Sanchidrian, tuvo mucho que ver en la elección de las participantes.

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En primer lugar tomó la palabra Concepción Pedrosa, mujer nonagenaria con una memoria envidiable y una lucidez que para nosotros quisiéramos algunos. Mujer del ámbito docente, su relación con los archivos viene de familia. A muchos el apellido Pedrosa les resultará familiar, ya que Carmen Pedrosa Pérez-Dávila fue la directora del AHP de Ávila. El libro que se hizo para homenajearla: Los Archivos y la investigación [1988], fue una de las primeras y más provechosas lecturas archivísticas para toda una generación en la que me incluyo. Trazó una panorámica de su niñez en la Galicia rural de la que me quedo con una afirmación muy útil para quienes afrontamos el reto de la paternidad responsable: “las actitudes de mis padres permanecen siempre como referencia y han sido siempre un modelo en mi propia vida”.

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María Luisa Losada Losada y María Cruz Fernández de la Puente mostraron una visión amable de las circunstancias por las que pasó la mujer durante los años posteriores a la Guerra Civil, incluida una más que benévola valoración del papel de las instituciones que el Régimen de Franco creó para canalizar las necesidades de aprendizaje y mejora su calidad de vida: higiene, cuidado de los hijos, etc.

El testimonio de María Teresa Calvo fue muy interesante. Contó en primera persona su experiencia como maestra rural que en el año 1963 se incorporó a su plaza en una pequeña y aislada localidad de la provincia de Ávila. Una visión que encajaba muy bien en el ambiente de la muestra fotográfica: contraste entre la vida rural y la pujante presencia de la mujer en tareas docentes que, sin duda, contribuyó a cambiar poco a poco las mentalidades de aquella generación que protagonizó el éxodo del mundo rural a las grandes ciudades durante los tiempos del desarrollo.

Finalmente Sonsoles Sáez Nieto, profesora de filosofía, dedicó su intervención a explicar un particular proyecto realizado con sus alumnos de Secundaria empleando las imágenes de la exposición para reflexionar acerca del papel de la mujer tanto en el pasado como en nuestros días. Destacó la intención provocadora de obligar a mirar en todas direcciones y hacia el interior para poder interpretar el momento en que la mujer se encuentra actualmente. Esa pretensión de mirar utilizando muestras de cultura material, como ella denominó a los documentos gráficos que formaban parte de la exposición, me pareció muy significativa de un aspecto sobre el que no se suele hacer mucho hincapié: los archivos también son, potencialmente, objetos de intervención desde el punto de vista del análisis socio-antropológico. No sólo los documentos vistosos, sino también aquellos en los que se reflejan las actuaciones del poder, ya sea democrático o dictatorial, a lo largo del tiempo. En pocas palabras se trata de orquestar esa “música” que los documentos sólo tararean  para completar una interpretación a la luz de métodos propios de las ciencias sociales.

Ávila, fría (climatológicamente), nos ofreció puntos para la reflexión y nos brindó su  cálida hospitalidad.

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Reflexión sobre los archivos a través de las redes sociales

La Asociación de Amigos del Archivo Histórico Provincial de Guadalajara ha realizado este vídeo resumiendo las distintas aportaciones acerca del concepto de archivo recogidas a través de las redes sociales.

El Archivo Histórico Provincial de Guadalajara (España) ha abandonado recientemente la histórica sede del Palacio del Infantado para instalarse en un nuevo edificio. Con este motivo ha tenido lugar un acto en el que se han leído textos relacionados con la convocatoria “Palabras para el archivo“.

Se trata de un ejemplo estupendo de autoreflexión utilizando sin ningún complejo los instrumentos que nos ofrece Internet para difundir el conocimiento y dar a conocer nuestras experiencias.

Tuve el gusto de participar a través del siguiente tuit:

Tuit

Enhorabuena.

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Distopías archivísticas

 

¡Cuán bella es la humanidad! Oh mundo feliz…

W. Shakespeare.

 

A los lectores y espectadores actuales parece fascinarnos que nos pongan en lo peor. Como si el mundo no fuera suficientemente injusto y nuestro comportamiento no hubiera demostrado ser lo bastante homicida a lo largo de la historia, nos regodeamos imaginando situaciones no sólo indeseables, sino manifiestamente perjudiciales para nuestra sociedad, nuestra cultura y, en definitiva, para la supervivencia de nuestra especie. Son innumerables los ejemplos de variantes y epígonos del género distópico,  que llenan las salas de cine y los expositores de las novedades literarias. Estilos en boga como el ciberpunk, el stempunk o el copiosísimo subgénero “cine de zombis” llegan incluso a abusar de este recurso.

 

La antiutopía -recordemos que el término utopía procede de la obra de Tomas Moro (1516) – parece tener una de sus primeras manifestaciones en la obra de un autor ruso, Yevgeni Zamiatin, Nosotros (1921). De hecho el propio George Orwel confesó que había realizado el planteamiento inicial de 1984 (1949) tras leer la novela y escribir una reseña. Otro hito del género fue Un mundo feliz (1932), de  Aldoux Huxley (la cita corresponde al verso de La tempestad que el autor utilizó para el título). Si nos centramos en el cine ¿qué película más influyente que Metrópolis (1927), de Friz Lang? Ni Blade Runner (1982)  ni The Matrix  (1999) serían concebibles sin ella.

 

Hace poco, en medio de las labores propias de mi profesión, tuve una sensación inquietante, como el bueno de Neo cuando recibe el mensaje: “Despierta, Neo, Matrix te posee. Toc, toc, Neo…” Y me pregunté: “¿Qué estoy haciendo? Soy un archivero y estoy dedicando la mayor parte de mi tiempo y mis esfuerzos a destruir los documentos que debería guardar celosamente para ponerlos a disposición de quien los necesite con objeto de garantizar sus derechos o realizar sus investigaciones”. Miré mis notas y documentos recientes y, efectivamente, todo cuadraba: actas de eliminación por todas partes, propuestas de reglas de conservación dictaminando la destrucción de varias series documentales. “¿Qué has hecho?”, me pregunté.  Pero, mirando a mi alrededor, me di cuenta de que no era yo solo, sino que todos estábamos sumidos en esa misma enajenación. Publicadas en diarios oficiales vi disposiciones que autorizaban a triturar documentos indiscriminadamente y noticias en prensa que hacían pública esta ciega destrucción. “¡NOOOOOOOOOO!” – grité -.

 

Bromas aparte, hay una reflexión que quiero hacer acerca de uno de los peligros que estoy apreciando en los últimos tiempos con respecto a la valoración de documentos. Creo que la labor del archivero se está viendo influenciada por la incapacidad por parte de la gran mayoría de los dirigentes políticos de dar soluciones efectivas para la adecuada gestión del ingente volumen de documentación que producen las Administraciones. De alguna forma, enterados de que existe la posibilidad de eliminar documentos de manera “legal”, los representantes de los tres poderes del Estado parece que hayan hecho suya la cruzada contra la explosión documental y a favor de la racionalización de espacios, pero con un criterio exclusivamente materialista, sin tener en cuenta el valor potencial que pueda tener la documentación. En este contexto se puede enmarcar la siguiente noticia aparecida en el Ideal: Expurgan más de 40.000 expedientes que colapsaban los archivos judiciales, de la que se pueden extraer perlas como estas: “… son viejos papeles, ya inútiles, que colapsaban los archivos judiciales”; “… hay toneladas de papel que se han archivado y que ocupan espacio en los edificios”.  Si nos atenemos a las disposiciones aprobadas en la materia, esta operación es perfectamente legal, ya que la Junta de Andalucía aprobó su eliminación. Pero yo quiero ir un poco más allá al preguntarme si cuando se emplean criterios como el gran volumen o el carácter repetitivo de los datos contenidos en los documentos estamos actuando correctamente como archiveros dando por buenas esas eliminaciones. Tampoco si el hecho de que una documentación sea anterior a tal o cual fecha le otorga mayor relevancia a la hora de ser o no conservada, como en el caso de los juicios de faltas posteriores a 1945  En este caso debemos  entonar también el “mea culpa” por el mimetismo de la decisión tomada ante la misma categoría documental hace pocas fechas. Otro caso visto recientemente es el de la documentación de oficinas de Extranjería (Resolución 10 de julio de 2013), en la que se propone “valorar en cada Oficina si el número de expedientes es suficientemente pequeño como para conservarlos todos”.

 

Fahrenheit451B

 

Los archiveros debemos intentar que la búsqueda de nuestro refrendo por los que ejercen el poder no termine convirtiéndose en la antiutopía de nuestra función en la sociedad. La utopía (conservarlo todo) VS. la antiutopía (eliminarlo todo). Y que, como en la otra gran novela distópica del siglo XX, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury (en la que los bomberos son los ejecutores de la quema de libros por orden del “gobierno”), seamos los propios archiveros los encargados de quitar del medio todos los documentos que colapsan despachos y abarrotan naves o depósitos, limpiando así la conciencia de quienes toma las decisiones políticas y, por tanto, estaban obligados a dotar adecuadamente los sistemas archivísticos de sus Administraciones. Una cosa es que en el pasado la “selección natural” tuviera su peso en un contexto de indefinición y dispersión, y otra que la “selección artificial” funcione al margen de los propósitos de la normativa que nos regula y transgredamos los principios esenciales de nuestra profesión.

Nota: lo que escuché realmente fue el sonido anunciador de un nuevo mensaje en Wathsapp: “No te olvides de recoger a la niña”.

 

[Imagen: Cartel de la versión cinematográfica de Fahrenheit 451 (1966), dirigida por F. Truffaut. Use rationale]

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Cuando la vida de los otros puede ser la tuya

Llevo un par de años utilizando en algunas ponencias y presentaciones una escena de la estupenda película alemana La vida de los otros (2006) para ilustrar un componente que tienen los archivos como esas cuerdas donde, por simpatía, puede llegar a sonar el acorde de una verdad adormecida (tal vez intuida,  negada o simplemente ignorada).

Hace poco he tenido ocasión de ser yo mismo como el dramaturgo que acude a los archivos de la Stasi y comprueba con estupor que había sido meticulosamente vigilado durante años y contempla el resultado en forma de expedientes apilados que una diligente archivera acababa de buscar en los estantes y le habían sido servidos por un empleado que no puede evitar decirle: “Mis respetos”.

El detonante fue la inquietud por parte de mi madre acerca de la fecha de nacimiento de su padre, que no recordaba. Rebuscando entre los documentos del archivo familiar no encontré ninguna referencia. La conexión se produjo al recordar que mi abuelo había estado preso por motivos políticos durante el régimen franquista. Hasta entonces no me había preocupado por realizar una búsqueda. Como suele decirse: “en casa del herrero, cuchillo de palo”.

El Portal de Archivos Españoles (PARES) ha ido configurándose como uno de los puntos esenciales de referencia para todos aquellos que quieren indagar en los diversos fondos documentales custodiados en archivos dependientes del Ministerio de Educación y Cultura. De hecho todas las descripciones que se realizan en los Centros del Sistema Estatal de Archivos se incorporan al Portal. Un apartado monográfico se refiere a las Víctimas de la Guerra Civil. De todos es sabido que la llamada Ley de la Memoria Histórica (Ley 52/2007, de 26 de diciembre) propició la proliferación de búsquedas de “documentos relativos a las víctimas de la Guerra Civil, el exilio y sus consecuencias y la represión durante la dictadura franquista”, principalmente por parte de las personas que padecieron la persecución y sus familiares.

Así pues me dispuse a realizar una “búsqueda sencilla” en el citado portal, en la que, para mi sorpresa, obtuve como resultado la existencia de dos expedientes relativos a mi abuelo en el fondo “Justicia Contemporánea” del Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. No pude evitar sentirme identificado con Georg Dreyman, el dramaturgo protagonista de la película. Pero eso no fue más que el principio, ya que, puesto en contacto con el Archivo Histórico Provincial de Soria, supe que también había dos expedientes en el recientemente incorporado fondo de la Prisión Provincial de Soria en los que aparecía mi abuelo.

Realmente esto no ha hecho más que empezar, ya que, tirando del hilo, he ido encontrando muchas vías de investigación. Una de las cosas buenas de los documentos como fuentes para la historia es que siempre conducen a otros. Por su propia naturaleza, los documentos se generan en agrupaciones, nunca de manera aislada, y van dejando huellas constantemente en otros grupos de documentos que se relacionan con ellos.

¿El resto? La labor de los archiveros: haber recogido y conservado esos testimonios y ponerlos a disposición de la persona interesada. Diligencia y celeridad “Sic vos…”. Así éramos y así seguimos siendo, pese a todo. Lo sabes bien cuando, por una vez, estás en el otro lado. Lo más curioso de todo es que en los dos archivos que he citado tuve tenido la enorme suerte de trabajar en los inicios de mi andadura profesional.

¡Gracias por dejarme saber algo más sobre mí mismo!

Seguiremos informando…

 

[Imagen: Antiguo Cuartel General de la Stasi, en Berlín (dominio público): http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/4d/Berlin_Stasi_Normannenstrasse_2005.jpg ]

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Una ponencia de 2010

 

Publicado en:

Coloquio Internacional de Bibliotecarios (17° : 2010 : Guadalajara, Jalisco)
La biblioteca: memoria documental de la humanidad / Ana Gricelda
Morán Guzmán, Sergio López Ruelas compiladores. -Guadalajara,
Jalisco: Universidad de Guadalajara. Coordinación de Bibliotecas, 2011.
p. 235-270.

 

 

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